¿Por qué el arte nos conmueve de formas tan distintas? Una mirada neurocientífica a las experiencias artísticas en los museos
Seguramente te ha pasado: entras a una sala de museo y, sin saber muy bien por qué, una obra te detiene, te atrapa o te hace sentir algo. La de al lado, en cambio, simplemente pasa inadvertida. ¿Qué hace que eso ocurra?
Es la pregunta que exploro en mi más reciente ensayo académico, donde me acerco a este fenómeno desde una perspectiva poco habitual en la gestión cultural: la neurociencia.
Durante mucho tiempo, hemos tendido a pensar que la experiencia frente a una obra de arte depende, sobre todo, de la obra misma —de su valor, sus características o su capacidad para impactarnos— o del museo, que organiza la exposición para favorecer una relación con quienes lo visitan. Mi investigación propone una mirada distinta: la experiencia no reside exclusivamente en la obra, en el museo ni en la persona, sino que se configura en el encuentro entre ellos.
Lo que llevas contigo también importa: tus recuerdos, tus referencias culturales, lo que sabes y lo que has vivido intervienen en ese encuentro. Una pintura puede suscitar experiencias muy distintas en dos personas, no necesariamente porque una comprenda más que la otra, sino porque cada una se relaciona con la obra desde una trayectoria y unas referencias propias.
Aquí entra la neurociencia. No como una fórmula capaz de explicar de manera sencilla lo que ocurre en el cerebro frente al arte, sino como una perspectiva que permite estudiar determinados procesos: cómo percibimos, cómo recordamos y cómo asociamos lo que vemos con lo que ya conocemos. Sin embargo, hay una advertencia importante: los resultados obtenidos en un laboratorio no pueden trasladarse automáticamente a lo que sucede en un museo, con sus condiciones espaciales y sensoriales, la presencia de otras personas y el tiempo disponible para la visita.
De ahí surge una idea central de mi investigación: antes de que un museo tome decisiones sobre la iluminación de una sala, la información que acompaña a una obra o el recorrido de una exposición con la intención de favorecer la experiencia de sus públicos, es necesario comprender qué procesos participan en ella y cuáles son los alcances y límites de esas decisiones.
Esta perspectiva invita a mirar los museos con mayor atención: no solo como espacios que exhiben y conservan objetos, sino como entornos en los que se configuran las condiciones de un encuentro entre las personas y las expresiones artísticas. Un encuentro cuyo desarrollo no puede programarse de antemano ni explicarse desde una sola perspectiva.
Si te interesa conocer el desarrollo completo de esta investigación, con su marco teórico, el análisis de las aportaciones y los límites de la neurociencia y las referencias académicas que la sustentan, puedes consultar el ensayo completo:
Experiencias artísticas en los museos. Una aproximación desde la neurociencia